La verdad es que en esto del monte entré un poco de rebote. Se abrió la inscripción de la
Xtreme y sin encomendarme a nadie apunté a Luís. No le dije nada y un día, a finales de junio
le solté, "vas a tener que hacer más salidas por La Espenuca porque estas apuntado a Los
Lagos". Su cara os la podéis imaginar asíque me ahorro los detalles. Afortunadamente la cosa
no fue a más y quedó todo ahí.
El último día de entrenamiento de la temporada alguien me comenta en Sada, Patri ¿te vienes
al Roteiro? - Pues vale. Asíque fui. Y repetí. Uno de esos días que iba yo con Fede y Bea y me
comentan, "tía si va a correr Luís, anímate tú también", "al menos para hacer los 25 primeros
kilómetros que son los más bonitos". Luego comprendíque eso de los 25 kilómetros es un
mantra que repiten las cabras para captar adeptos a su causa y que además les funciona. El
caso es que no hizo falta que me colocaran el flexo directamente a los ojos y esa misma noche
cogí la tablet y me apunté. Me dije, pufff esta va a ser la camiseta más cara de mi vida pero
que co…
Para preparar la cosa me tiré la mitad de agosto en Gijón entrenando por una senda haciendo
lo que yo creía que eran cuestas. Y como nunca había ido a un trail, el 30 de agosto me fui de
estreno al largo de As Pontes a ver de qué iba esto. Sé que debería haber hecho una crónica de
ese primer trail pero pasaronlos días y al final se me fue el santo al cielo. Contaros que logré
acabar, con muy buenas sensaciones, los casi 28 kilómetros. El truco estuvo en pegarme
literalmente a Bea, que me fue marcando el ritmo y me hacía indicaciones que yo atendía
obedientemente. Venga ahora caminamos, ¿trotamos un poquito?, cuidado con esta bajada,
¿estas bebiendo? …un lujazo vamos.
Mi idea para la Xtreme era repetir la estrategia para acabar los famosos 25 kilómetros hasta
Covadonga. Sólo en caso de llegar con tiempo al corte y de hacerlo acompañada, me plantearía
seguir.
Arrancamos a las 9 de la mañana con un frio que pelaba y nada más entrar en el monte zas,
picotazo en el gemelo. Al principio pensé que había sido una avispapero resultó ser un tábano
que me puso el gemelo ardiendo y todavía hoy me sigue molestando. Comenzamos la subida a
la Cruz de Priena a 750 metros y al llegar arriba casi me da un pasmo solo de pensar que podía
bajar rodando hastaCovadonga al mínimo despiste.
Creo que me desenganché de Bea antes de llegar a Vega de Comella. Bea tiene una fuerza
tremenda y muchos kilómetros por el monte asíque me dije “tranquila Pertierra, keep calm
and carry on”. Y fui a mi ritmo, lento pero a mi ritmo. Decir que aunque prácticamente hice
sola toda la carrera, cada dos por tres aparecía alguien del CAS animando. Si no era Alberto
metiendo prisa, eran los niños con sus sudaderas azules, cámara en mano gritando desde una
roca.
El día está espléndido y el recorrido es espectacular. La Vega de Comeya, El Escaleru, las Minas
de la Buferrera y por fin Los Lagos. IMPRESIONANTES. Con toda la pena del mundo, porque lo
que más me apetecía era disfrutar de esta maravilla, continuo para enfrentarme a la Porra de
Enol. El sol pega y la subida es dura, pero pasito a paso llego a la cima. Y ahísí. No me resisto.
Tengo que parar porque el espectáculo es digno de ver y claro, una no está todos los días tan
cerca del cielo.
A partir de ahora comienza la fiesta. De momento han sido15 kilómetros de subida, pero ahora
toca bajar y ay madre, qué difícil. Tendrá su técnica no lo dudo, pero además de técnica hay
que echarle un par. Yo como ni lo uno ni lo otro, pues despacito no vayamos a liar la cosa, que
necesito las piernas sanas y salvas.
Un poco antes del tercer avituallamiento me encuentro con Alberto y Luis que me animan aapretar un poco y llegar a tiempo al corte. Pero en cuanto empiezan otra vez las bajadas las
rodillas me dicen que no me pase, que están hechas papilla. Faltando como 3 kilómetros me
adelanta Blanca que me da un ibuprofeno para el dolor. Miro el reloj y pienso ni de coña. Paso
al lado de dos de la organización que me dicen sin mucha convicción, "venga, 10 minutos y
llegas a Covadonga a tiempo".
La última bajada es por el bosque que está detrás de la cueva de La Santina en el que no debe
entrar un rayo de sol en todo el día, asíque resbaladizo no, lo siguiente. Oigo las campanadas
que anuncian las dos de la tarde, game over. Termino de bajar y al llegar amablemente me
piden el dorsal que yo gustosamente entrego. Me ofrecen la posibilidad de continuar pero no
me atrevo a hacer sola 17 kilómetros más. Hay, como no, una delegación del CAS recibiendo a
los corredores. Me tomo algo pero no quiero marcharme sin visitar a La Santina y deben ser las
endorfinas, porque subo todas las escaleras corriendo. No me creo lo que acabo de conseguir.
Estoy feliz.
Tras la ducha y un pequeño descanso me voy para el centro de Cangas a apostarme junto con
el resto de compis. Quiero ver la llegada a meta de los grandes. Felipe, como no, ya estaba allí.
Pero vi llegar al resto, Miguel, Javi G, Javi T, Fede, Jorge, Luís, Bea, Blanca, Juanjo y Miguel. De
verdad, muy emocionante. El año próximo Carlos, Iago, Ramiro, Jesús y yo tenemos el reto de
acabar esta maravillosa carrera.
Lo que vino después merece una crónica aparte. Sólo deciros que me reícomo hacía tiempo
que no lo hacía. Que sois una gente estupenda y que he pasado un fin de semana increíble.
Pero sois unos liantes leches, salíde allíy ya estaba a apuntándome a los 25 km del Trail de
Montefaro. Lo bueno es que Miguel me ha dicho que no tengo que llevar bastones, que me
bastacon cuchillo y tenedor.
Gracias, gracias y gracias.

