jueves, 24 de septiembre de 2015

CRONICA DE UN DEBUTANTE EN LA XTREME LAGOS DE COVADONGA (by Juanjo)


CRONICA DE UN DEBUTANTE EN LA XTREME LAGOS DE COVADONGA
(by Juanjo)


Aunque a alguien de números como yo no le hace mucha gracia lo de escribir una crónica, recojo de buena gana el guante que me lanzó Alberto, y sin que sirva de precedente intentaré contar mi experiencia en la “IX Xtreme Lagos de Covadonga”, la ocasión bien lo merece.


Quiero empezar estas líneas el día donde empezó todo, el martes 2 de junio, estaba estirando después del entrenamiento en el paseo marítimo charlando con Begoña y me animó a apuntarme al Trail del Mandeo ese mismo fin de semana. A pesar de que ya estaba cerrada la inscripción mandé un correo electrónico y para mi sorpresa me admitieron en la prueba, no guardo muy buen recuerdo de ese día porqué tuve que arrastrarme los cuatro últimos kilómetros creo que con calambres en cada uno de los músculos de mis piernas. Sin embargo, ese día fue la primera vez que me hablaron de la prueba de Los Lagos, y poco a poco, no sé cómo me fui animando.

Un buen día, a finales de junio, me llegó un mensaje de Bea “dice Alberto que si te animas a la Xtreme que hables con Jorge, te vas a quedar sin alojamiento”, y sin pensarlo muy bien me apunté. Al día siguiente me llegó un correo electrónico de Alberto, “hay que pagar ya las habitaciones para no tener problemas si alguien se da de baja”, si señor para dejarlo bien amarrado, por si me arrepentía, y pagué, así que ya no había vuelta atrás, no quedaba otra que ponerse a entrenar.

A partir de ese momento dos sesiones de Roteiro a la semana, la mayor parte con Bea, en el grupo de rezagados de las 9 de la noche, y por supuesto domingo sí domingo también madrugón a las 7 de la mañana y a subir la Espenuca, la mayor parte de los días con Fede, ¡que buen compañero de entrenos!, y los que se nos iban uniendo Carlos, Iago, Miguel C., Grinch, Jesús en las salidas…, hasta tuve el gran honor de que en el último entrenamiento, el domingo previo a la carrera me acompañara el “Presi”. Dentro de la programación hubo tiempo para ir al “Trail Terras de Pondal” en Ponteceso y al “Trail de As Pontes”, los últimos dos fines de semana de agosto, y las sensaciones  no fueron del todo malas, lo que me permitió encarar las últimas semanas de preparación con cierto optimismo. Creo que a estas alturas ya me había pasado al lado oscuro, eso deduzco porque en las quedadas con los amigos para la tapa del domingo siempre acababa saliendo en la conversación la aventura del día, no tengo claro si se aficionarán también a la montaña o empezarán a tomar la tapa en otro sitio.

Y por fin, llega el gran día, suena el despertador a las 6:45 (menos mal que no hay que coger autobús para llegar a la salida), y para mantener rutinas un buen desayuno, una duchita reparadora y a equiparse sin prisa pero sin pausa, habíamos fijado como hora de salida las 7:45. Cinco minutos antes de la hora prevista salgo del apartamento, Ana y los niños quedaban apurando las últimas horas de sueño, el día iba a ser largo, y como todo el fin de semana la logística de nuestros compañeros del CAS impecable, la furgoparty de Alberto, el siete plazas de Felipe, y el coche de Luis con el pequeño Eric para dar ánimos a Blanca listos para partir dirección al punto de salida. Llegamos al Repelao con tiempo suficiente, ya estaban allí todos los corredores que habían subido en los autobuses, y muy curiosas fueron las caras al vernos salir a todos de los coches. Esto se repitió durante toda la carrera, cada vez que llegábamos a un avituallamiento escuchábamos “ahí viene otro de Sada, ¿pero cuantos habéis venido a correr?”, je, je. Todavía nos dio tiempo a sacar las fotos conmemorativas, los preparativos de última hora, y por fin control de dorsales y listos para empezar la aventura.
Ya no había vuelta atrás, empiezan los nervios y la pregunta de siempre, ¿pero qué narices hago yo aquí?, suena la música a ritmo de AC/DC y el speaker empieza a animar “¡esas manos arriba!”, 5, 4, 3, 2, 1, y allá vamos. Un pequeño tramo sobre asfalto, y ahí nos despiden Luis con su cámara, y el benjamín del grupo, Eric,  con los ojos abiertos como platos. Empezamos a subir por el monte y también nos despiden Alberto y Cris con sus inseparables Hugo y Tomás, los seis fueron durante toda la carrera la avanzadilla del grupo de animación. Nos quedamos solos y para abrir boca la subida a la Cruz de Priena hasta los 750 metros de altura, espectacular caminar por la ladera de la montaña por la senda que iban abriendo los primeros corredores. Mirando hacia abajo sentía vértigo, desde allí arriba el Santuario de Covadonga y los coches parecían de juguete, si tropiezo aquí no paro hasta llegar a Cangas pensaba. Una vez llegamos a la cima, espectacular también correr un pequeño tramo sobre la cresta, un poco de bajada y de nuevo empezamos a subir hacia el primer punto de avituallamiento en el km 7, aquí en el medio de la montaña volvemos a escuchar gritos de aliento y vemos de nuevo al grupo que nos despidió en la salida con Hugo y Tomás a la cabeza ondeando la bandera gallega.

Una pequeña subida y llegamos al avituallamiento, aquí nos esperaba el resto del grupo de animadores, Carlitos, Jacobo y Ana incluidos. Escucho decir a Beatriz “vais muchísimo mejor que el año pasado en este punto”, ¡alentador!, cogemos fuerzas  y empezamos la subida hacia los Lagos de Covadonga por un pequeño tramo de pista forestal hasta adentrarnos de nuevo en la montaña.

Bordeamos la Vega de Comeya (todo un espectáculo la inmensa pradera) y cuando comenzamos a subir hacia el Escaleru volvemos a escuchar gritos, miramos hacia arriba y vemos de nuevo a la avanzadilla de nuestro grupo de animadores, “vamos que ya tenéis ahí el Escaleru”. Así es, seguimos subiendo y los ánimos del resto del grupo nos llevan en volandas hasta el final de la subida. Pasamos por un túnel de unos veinte metros, las Minas de la Buferrere y delante de nosotros aparece el Lago Ercina, un regalo para los ojos. Bordeamos el lago hasta acceder a la Vega de Bricial, cruzamos la Vega de Enol y subimos a la Porra de Enol, el punto más alto de la carrera (1.260 metros) se me agotan los adjetivos, vosotros mismos…



Comenzamos a bajar la Porra de Enol, esto marcha bien, voy muy bien de tiempo, así que intento coger algo de aire, relajarme y disfrutar la bajada.

Pero de repente, “¡Ayyyy!”, “¿un tirón?” me pregunta la chica que viene detrás, “¡el tobillo!, ¡el tobillo!”, si es que no se puede uno relajar ni un momento. No me quiero parar así que camino durante un rato y comienzo a trotar poco a poco con muchas molestias. Unos cuantos kilómetros más adelante, consecuencia de la torcedura, empiezan los primeros calambres en los gemelos y en el cuádriceps, bajo el ritmo y la cabeza empieza a trabajar, “¿para qué sigues corriendo?, si lo mejor que me puede pasar es no llegar al corte,…” pero de repente llega a la última bajada hacía el Santuario de Covadonga con posibilidades de llegar al corte, un bosque con el suelo muy húmedo y plagado de rocas, y aquí entra el gen competitivo, a por todas pienso, empiezo a bajar todo lo rápido que puedo y de repente resbalón, los bastones por el aire y tres metros resbalando montaña abajo. Me levanto y sorprendentemente todo está en su sitio, recojo los bastones y comienzo a caminar, “a la mierda todo”, de repente miro para atrás y veo venir a Bea y un poco más abajo escucho una voz, “!vienen Bea y Juanjo!”, “venga que falta poco”, ya está otra vez Alberto ahí apretando. No sé por qué pero empiezo a correr de nuevo, me cruzo con Alberto que me pregunta cómo voy, “pues bastante mal” le respondo, “no pienses en nada que tienes que llegar al corte, después decides con calma”, y así hago. Bajo a toda velocidad y cuando salgo del bosque a un camino empedrado que llega a la Santina me encuentro a Cris, “¿cuánto queda?”, “nada, 150 metros”, empiezo a esprintar, levanto la cabeza y veo a la jueza a lo lejos que me levanta los brazos pidiendo calma y me dice “tranquilo, llegas sin problema”. Objetivo cumplido, ¡que emoción!. Aquí una pequeña desilusión, pregunto por Ana y los niños y no están, me dice Alberto que a ellos les llevó una hora llegar hasta allí en coche, que el tráfico estaba imposible, así que no me puedo cambiar de opa, intento tranquilizarme y comer algo, pero siento que las cosa no va demasiado bien.

A pesar de todo, después de descansar un rato decido intentarlo, por lo menos unos cuantos kilómetros más, así que empiezo a subir las escaleras del Santuario de Covadonga, y de nuevo comenzamos a subir montaña arriba animados por la Guardia Real que no sé muy bien por qué estaban en la Santina. Tal y como pensaba, no estaba para echar cohetes, sobre el kilómetro 28 llegamos a una zona de rocas, paso las primeras sin problemas pero de repente al levantar la pierna calambre en el cuádriceps, lo intento otra vez y de nuevo calambres, me doy cuenta de que estoy un poco mareado, esto debe ser el famoso “muro”, así que me siento en la roca y pienso, hasta aquí hemos llegado. Llegan Miguel y Blanca y me animan, Blanca me ofrece de todo, ¿frutos secos?, ¿higos?, les digo que soy incapaz de comer nada, que sigan. Llega el escoba con la persona de la organización que vigilaba ese punto y les pregunto si queda mucho para el siguiente avituallamiento, me dicen que queda mucho, que lo mejor es bajar de nuevo a la Santina o esperar un rato por el vigilante y bajar con él, así que decido hacer esto último. Me siento a esperar, apago el reloj, y la sensación de fracaso me empieza a rondar la cabeza. Saco el teléfono y mando un WhatsApp al grupo “me retiro en el 28”, veo que preguntan cómo va Bea y respondo “va delante de mí, va muy bien”. Pasan quince minutos y no viene nadie, me encuentro mejor, me pongo de pie y empiezo a bajar yo solo hacía Covadonga, bajo unos 500 metros y dudo por donde seguir así que me vuelvo a sentar y saco unas cuantas fotos, el paisaje lo merece. Busco el perfil de la carrera en el móvil y miro el siguiente punto de avituallamiento, ¡pues no falta tanto!, ¡si ya pasé lo más duro!. Me encuentro mucho mejor así que decido seguir adelante, empiezo a subir de nuevo a muy buen ritmo y de repente me encuentro con el vigilante que viene de vuelta paseando, “¿eres tú el de antes?”, “pues sí soy yo, me cansé de esperar y me encuentro mejor así que sigo adelante, ¿queda mucho para el avituallamiento?”, “lo tienes ahí adelante el problema es que acaban de sacar las banderas, pero no tienes pérdida, es seguir el camino”. Si, si, seguir el camino, empiezo a correr y no llegaba nunca, dudas, de repente llego a un punto y veo al otro lado del valle a los del avituallamiento que habían recogido y se marchaban con los sacos a cuestas, empiezo a gritarles y no me oyen, así que empiezo a correr a todo lo que daba. Paso por el aire por una zona de unos cinco metros de piedras y barro y por fin los alcanzo, “¿de dónde sales?” me preguntan, “no puedes ir detrás del escoba, lo tienes ahí delante con otro corredor que va a abandonar”. Empiezo a correr de nuevo y los alcanzo, se sorprende cuando me ve recuperado y me dice, “van tus compañeros un poco más adelante, dejo a este chico y os alcanzo en un rato”, una vez más empiezo a correr y me encuentro a Miguel que iba un poco dolorido de su fascitis, también se sorprende al verme y entre los dos decidimos seguir adelante. El escoba se une a nosotros y nos dice que con el ritmo que llevamos llegamos seguro, poco a poco nos vamos animando, hacemos la subida más dura que nos queda hasta el pico de las antenas, empezamos a bajar y adelantamos a un corredor con problemas de estómago, el escoba se queda con él. Nos queda un último “repechu”, lo subimos bastante bien, y de repente suena el móvil, era Carlos preocupado por nosotros, “empezamos la última bajada, tres kilómetros, que no desmonten la meta que ahí vamos”. Nos venimos arriba, empezamos a bajar hacia Cangas de Onís a muy buen ritmo y nos damos el gustazo de adelantar a un grupo de tres o cuatro corredores, cuando estamos a punto de salir del bosque vemos que nos esperan Abenu, Tomás y Hugo con la bandera gallega, “cogerla para entrar en meta” nos dicen, Hugo nos debe de ver mala cara que nos hace de “sherpa” y nos lleva los bastones, a estas alturas cualquier ayuda se agradece. Por fin entramos en Cangas de Onís y ahí nos esperan Jacobo, Carlos y Antía para entrar con nosotros en meta. Todos juntos hacemos los últimos metros, y cuando estamos llegando a la última curva vemos a Bea que brazos en alto sale a recibirnos junto a Carlos.


Justo detrás el resto de la expedición del CAS animando, hacemos la curva a la derecha y entramos en la meta plagada de gente ondeando la bandera Gallega y los brazos en alto. Abrazo con Miguel, que buena compañía en los últimos 12 kilómetros, posiblemente de no habernos encontrado no habríamos llegado ninguno de los dos, gracias a eso “somos finishers”.




El fin de semana no acabó aquí, todavía quedaba la espicha con Alberto como maestro parrillero, eso sí con susto incluido como no podría ser de otro modo en un evento con tantos niños. Mientras estábamos disfrutando de la cena los lloros de una niña nos sobresaltaron a todos. Mónica se había caído y golpeado con la boca contra el bordillo de la acera, con lo aparatosos que son esos golpes… Una vez más la coordinación del CAS impecable como todo el fin de semana, veo a Rosa entrar a toda velocidad en la cocina y salir con una bolsa de hielo. En cuanto  los papás de la niña, María y Javi, entran en la sala con ella en brazos, les entrega la bolsa y se meten en el baño. Se levanta Ramiro para ver a la niña, parece que al final solo va a ser un susto, así lo confirman los papás ya mucho más tranquilos después de dejar a Mónica durmiendo, ya puede seguir la fiesta.
El domingo comida de despedida, no nos podíamos marchar sin tomar una buena “fabada asturiana”, y un buen “rabu de buey”, abrazos y vuelta con un sabor de boca inmejorable, eso sí pensando ya en el próximo evento.

¡Muchas gracias a toda la familia del CAS Montaña!